Hacía un montón de tiempo que no tocaba la guitarra y había olvidado por completo la sensación de tocar con cuerdas nuevas.
Con el bajo no pasa tanto, quizás porque el brillo de cuerdas nuevas no le sienta tan bien, pero con la guitarra es una sensación muy agradable.
Las dos cosas que más noto son por un lado el sonido brillante y cantarín de la guitarra y por otro la suavidad con la que los dedos se deslizan por las cuerdas, ahora finas y sin mácula.

Esto último ha sido hoy más acentuado ya que las últimas cuerdas estaban bastante sucias y oxidadas y los dedos se quedaban pegados en ellas.
Ya puestos y como la pobre necesitaba un poco de mimo la he limpiado y le he dado una capita de cera.
En la parte de detrás del mástil se ha notado bastante ya que ahora esta más suave y el dedo pulgar se desliza con más facilidad.
La afortunada para la limpieza ha sido la telecaster, y las cuerdas elegidas unas Ernie Ball de calibre 10/46.
![]() |
![]() |
La Ibanez ha tenido otra suerte.
Esta tarde la he llevado a la tienda para que la quinten y la dejen bien mona. Ella es la niña de mis ojos, la favorita, la que nunca me falla y por ello es la afortunada con las mejores atenciones y ajustes.
Para ella el juego de cuerdas Elixir 9/42.



